Hay objetos que no pueden vivir solos. Cuando ven a un semejante se lanzan a sus brazos, se besan y se declaran amor eterno. Surgen los matrimonios, cuyo más espiritual finalidad es la procreación (eso dicen, pero tú y yo sabemos que hay otras cositas).
Hay objetos que no pueden vivir solos, pero tampoco son partidarios del matrimonio. Se reconocen, se acercan y caminan por la vida siguiendo senderos paralelos. No desean traer al mundo nuevas criaturas sino convertirse en una unidad de potencia superior. Surgen los dípticos.