Entre el plácido almuerzo y el gran mar de la tarde hay unas aguas turbulentas que son muy difíciles de sortear: la sobremesa. Al no poder con su enemigo, el hombre se unió pronto a él. Descubrió el sofá y sobre él realiza la navegación con éxito. Antes los hombres honrados llegaban a casa después del trabajo y se echaban un rato. Y cuidado con molestar. Ahora no se duerme, se reflexiona sobre la dureza de la vida: leones comiendo hervíboros o montañas comiendo ciclistas. Sea como sea, el sofá sigue ahí, ofreciendo sus almohadones para salir ilesos de las procelosas aguas de las cuatro de la tarde.