FedericoFuertes

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iconos

Soy hombre. Pertenezco, pues, al género humano. El número total de objetos que existen en el mundo es desconocido para mí. Puede que sea infinito. Puede que no. Cuando varias cosas son iguales, pienso: esos son leones, aquello es un conjunto de bolígrafos. Aprendo a contar: diez leones, doscientos ocho bolígrafos. ¡Me gusta contar! Aprendo también a representar las cosas con dibujos: este dibujo significa: prohibido el paso a los hombres; aquél: si viene usted en coche vale más que se detenga si no quiere sufrir un accidente. ¡Me gustan los iconos! ¡Quiero que cada objeto del mundo tenga su propio icono! Lo consigo. Cada objeto del mundo puede ser representado mediante su icono. Pero pronto el asunto se me va de las manos y llega el día en el que hay más dibujos para representar los objetos reales que objetos reales propiamente dichos. Además, hay iconos que se combinan entre ellos y dejan de ser representaciones de objetos reales. Adquieren vida propia, se independizan y se van de casa de sus papás. Esto es, sin lugar a dudas, un complot contra los amantes de los iconos. Se investiga el asunto. Se detiene a los culpables. Son los iconoclastas.

correo@federicofuertes.es colabora: carnicer.maraia

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