FedericoFuertes

circo

El público aplaude en el circo. Es normal que lo haga en los estadios deportivos, en las plazas de toros o en los cumpleaños. Pero aplaudir a una mujer barbuda, a un hombre sin brazos y sin piernas o a otro que se mete en un cañón y sale por los aires para ganarse la vida, resulta un magnífico dislate. Como si los que caminamos por la senda que la evolución lleva trazando tantos milenios nos diésemos cuenta de que hay otros que han preferido seguir su propio camino, el de la monstruosidad y la diferencia. Y batimos palmas esperando que sean lo felices que los de este lado de la carpa nunca llegaremos a ser.

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