Hay una escalera infinita que no tiene límites ni por arriba ni por abajo. Conocemos algunos de sus escalones más peculiares. El escalón del cero indica que, desde ahí hacia abajo, el agua queda convertida en hielo. El escalón del cién está ubicado en el lugar donde aparece el vapor. El escalón 36 está tan solicitado que todo el género humano se apelotona en él, intentando no caerse. Dicen que algunos viven bien en el 37. Pero que nadie se arriesgue a partir de ahí, por favor. Los que lo hagan y den un salto de dos o tres escalones saben lo que les espera: el médico en casa y los temblores bajo tres mantas que nunca abrigan lo suficiente. Sin embargo, qué buena excursión, que recuerdos tan gratos cuando volvemos al escalón de los comunes y recordamos los días de cama.