No se sabe si el recipiente en el que comen las personas influye en la forma de sus mentes. Los japoneses han exportado sus vajillas poligonales que, de momento, no parece que se impongan a nuestros gustos, mucho más circulares. Tampoco parece inminente el contagio racional y analítico en nuestras gloriosas mentes desordenadas. El pescado, si es pescado de verdad, a freirlo en aceite de oliva.