En el centro de la pista el saltador ve una pequeña pileta que algún alma misericordiosa se acordó de colocar con unos pocos litros de agua tibia. El artista abre los brazos y salta. La única posibilidad de sobrevivir está en el minúsculo charquito circular. Supongamos que el artista consigue caer dentro de la pileta y sobrevive. Es decir, el salto no ha resultado ser mortal. Se pondrá de pie y saludará al público pero el presentador dirá en sus comentarios: ¡Qué magnífico salto mortal, damas y caballeros! Si el infortunado revienta su osamenta contra la tierra vendrán las ambulancias, los gritos se desbordarán en los graderíos y el caos se apoderará de la tarde. ¿Por qué? Porque el salto mortal habrá sido fallido. O sea, no ha sido un salto mortal. Qué cosas.